Domingo, 19 Julio 2026 12:00

Presos en su libertad Destacado

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Ahora ya no llora,
preso en mi ciudad (ah-ah-ah-ah).
Casi ya no llora
¡Atrapado en mi libertad!...

“Preso en mi ciudad”. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

(A la memoria y militancia de Rubén Rada)

Desde cierto relato hegemónico vigente desde los albores del siglo XX, siempre se sostuvo que política y deporte deben ir por caminos separados dado que, las “especificidades” de la primera, siempre chocan con la naturaleza noble del segundo. El argumento, que general y casualmente, suele resultar justificador de cierto status quo imperante, se dio de bruces contra el suelo (otra vez) en el mundial de la triple sede: la sanción a Rusia para no permitirle participar del evento global de mayor transcendencia, la hipocresía de impedir que Irán se hospede en los EE.UU., y la participación del mismísimo Donald Trump en el escándalo Balogun, muestran que algunos principios no se aplican para todos en un mismo sentido. Pero a veces, y sólo a veces, a ciertos poderes se les escapa la tortuga (frase genialmente acuñada por el hombre nacido en Villa Fiorito) y las gratas sorpresas llegan de las formas menos esperadas. 

El gobierno libertario imaginaba otra semana, tal vez algo más tranquila. Con la vista puesta en el partido del miércoles entre Argentina e Inglaterra, el dato de inflación que se presuponía inferior al 2%, la hipotética baja del riesgo país a menos de 400 puntos y la posibilidad concreta de obtener media sanción en la llamada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado, asomaban como razones de peso para suponer que la idea de la recuperación de la centralidad política dejaba de ser un relato y se convertía en un hecho con algo más de sustancia. Pero no siempre las cosas salen como uno las espera.

El número de 1,9% de inflación para el mes de junio pasó bastante lejos del radar de las buenas noticias: con una economía cada vez más difícil en la sencillez del día a día, excepto a analistas y operadores de toda laya, a nadie parece resultarle demasiado transcendente que, en un contexto de altos índices de morosidad en los pagos de tarjetas y créditos, ciertos productos de la economía básica se muestren relativamente estables.

En línea con lo anterior para, el libertarismo hay un problema de relato que se proyecta en varios frentes. En uno de ellos, hay una especie de distancia enorme entre lo que el mileismo y sus aliados intentan mostrar como provechoso y lo que se siente (o no) en los bolsillos de los argentinos. Incluso podríamos imaginar un problema de desconfiguración de aparatos: mientras el gobierno insiste en mostrar ciertos logros, vía medios y redes, la heladera parece decir otra cosa. 

Si para ciertas teorías algo arcaicas a las que el Gobierno claramente adhiere, el mundial podía surgir como una especie de placebo, la semana que se va parece haber ido en un sentido contrario. El caso Malvinas dejó al libertarismo en una posición realmente incómoda y donde la escuela austríaca no tiene respuesta.

La ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva sobreactuó el discurso libertario. Fue por más: habló de un acuerdo con la FIFA y el gobierno de los Estados Unidos para impedir el ingreso a ese país de unos 33.000 ciudadanos argentinos que están en las listas de Tribuna Segura, de banderas con mapitas (así se refirió a la imagen de las islas) y que todo ello servía para evitar los discursos de odio. Tan cipayo que duele.

Pero como diría el querido Juan Carlos Calabró (centennials googleen), “el ingenio popular no descansa nunca”. A fuerza de experiencia en las tribunas locales, un joven de Villa Luro pudo ingresar una bandera sin mapitas, pero con una potencia enorme. “Las Malvinas son argentinas” decía el sencillo mensaje, hecho con una sábana de hotel y el gasto de U$s 10 en pintura en aerosol. En el momento adecuado los hinchas supieron deshacerse de ella, arrojarla al campo de juego y el compromiso de Giovanni Lo Celso primero, de algunos compañeros después, más la potencia de las redes hicieron el resto. 

La cuestión Malvinas, colada impensadamente en el mundial, mostró que, en el tema, el libertarismo tiene los pies de barro ya que, aquí tampoco, tiene relato, algo impropio para un gobierno que se precie de haber domado a todo el sistema social. El presidente Javier Milei pareció pedir una especie de sanción por los hechos, acusó de adolescentes termo mononeuronales a los jugadores que protagonizaron el hecho y debe haber sentido algo parecido a la traición cuando ante el pedido de sanciones por parte la prensa británica, un funcionario estadounidense de alto rango, respondió que en los EE.UU. estaba vigente la primera enmienda de su constitución (protege la libertad de expresión)

Al mileismo la causa Malvinas le molesta. No la entienden. Existe allí un parangón con la selección inglesa a la que, quedó demostrado en tarde del miércoles, ciertos roces la incomodan. Desechan en su razón de ser ciertas disputas territoriales, pero en la semana que se va pudieron vivenciar el impacto con el que surgió el entredicho y es por ello que salieron a través de sus voceros mediáticos a imponer la idea de que, en el futuro mediato, habría algunas novedades que hasta ahora eran secretas en materia de geopolítica. Humo sobre el agua. Vale preguntarse, teniendo en cuenta que el primer mandatario había recuperado algo de imagen en las últimas semanas, qué dirán las encuestas sobre estos agitados y futboleros días de julio.

Rápidos de reflejos y tratando de mostrarse empáticos con el clima social, el conjunto de senadores libertarios ingresó al recinto de sesiones en la jornada del jueves, vestidos con la camiseta de la selección argentina. En pocas ocasiones un oxímoron se plantea tan crudamente en la realidad: un grupo de representantes de las provincias daban quorum para una sesión donde se iba a tratar la eliminación del tope del 15% de tenencia de la tierra en manos extranjeras, mientras lucían un nacionalismo de cotillón. 

Ese delirio político no pudo ocultar una interna libertaria que no cede. Patricia Bullrich debió pedir un cuarto intermedio de tres semanas porque no tenían los números para aprobar un proyecto que en comisión ya sufrió quince modificaciones. En la previa se tomó el trabajo de discutir vía a WhatsApp con la vicepresidenta Victoria Villarruel y uno no deja de preguntarse quien puede haber estado interesado / a en filtrar semejante comidilla. Por su parte, la presidenta del Senado, parece haberse enterado recién ahora de todo lo que representa en términos ideológicos el presidente, pese a haber compartido una banca en la Cámara de Diputados de la Nación. Sorpresas que desgarran. 

Por otro lado, para algunos gobernadores aliados ciertas promesas no son lo suficientemente consideradas como para aceptar el costo político de una ley que, efectivamente, los incomoda ya que les brinda a las provincias la potestad de limitar el uso de la tierra. Fingir demencia: ese deporte tan argento.

Para el oficialismo, pese a haber quedado preso de su propia lógica de construcción política donde Malvinas no importa demasiado, la semana cierra con la posibilidad concreta de ganar algo de protagonismo y a contramano de lo sucedido en el gobierno de Alberto Fernández, con la posibilidad de que, se gane o se pierda, la selección sea recibida en Plaza de Mayo. A la luz de los acontecimientos de diciembre de 2022, la potencia movilizadora de un pueblo orgulloso y agradecido de su selección, habría que revisar si los límites que imponen la Casa Rosada, la catedral, el ministerio de economía y el cabildo no quedarán chicos de cara a las celebraciones que sucederán, cualquiera sea el resultado. 

Cerramos la edición en la tarde del sábado. Las manos se empiezan a poner frías, el estómago da cuenta de ciertos malestares y nos exigimos no trabajar en domingo porque no hay tiempo para otra cosa que no sea pensar en un partido de fútbol. El ambiente se llena de la expectativa mundialista y cuesta conciliar el sueño, aunque el éxito deportivo de alguna manera ya está logrado. Como bonus track, para los que amamos la causa Malvinas, el F5 que aportaron los jugadores argentinos, tal vez sin comprenderlo en su real dimensión en la previa, sosteniendo una simple sábana, se parece mucho a ganar un mundial. Pero cuidado, a no confundirse, siempre queremos más. En una cancha y en todo aquello que nos pertenece.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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