Domingo, 15 Marzo 2026 19:57

Fin Destacado

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Ya nada va a ser igual, vos no vas a ser igual.
El fin de las vacaciones, de las mejores.
Ya nada va a ser igual, vos no vas a ser igual.
El fin de las vacaciones, de las mejores.

“El fuego que hemos construido” - El Mató a un Policía Motorizado

La semana aparecía como promisoria para el mundo libertario: cita en Nueva York para el desarrollo de la “Argentina Week” en el barrio de Wall Street; asistencia masiva de funcionarios nacionales en la Gran Manzana; la presencia institucional con el acompañamiento de, al menos, diez mandatarios provinciales; garantía de difusión con la presencia de medios amigos y el periplo viajero de Javier Milei (EE.UU., Chile y España) que, se suponía, lo pondrían en el centro de cierta escena internacional. Pero ya es sabido, para los oficialismos de antes y los de ahora, que el diablo suele estar en los detalles y lo que aparecía como una semana de regodeo violeta terminó en una mueca de disgusto por tener que contestar por costos marginales y coso. Pasen y vean. Días de defensa contra las cuerdas de los renovadores de la política argentina, que, de yapa, vieron impávidos como toma fuerza mediática (¿institucional?) el escándalo $Libra. Quedan todos y todas formalmente invitados.

El caso Adorni, tanto en la circunstancia de su viaje a Estados Unidos junto a su esposa Bettina Angeletti, como en el vuelo privado con familia y amigos a Punta del Este para el fin de semana de carnaval, puso en crisis una forma de entender cierta construcción de la política. 

No hablamos del abuso de los privilegios del poder, algo que no resulta nada novedoso en la Argentina que habitamos (allí está el efectismo violeta en la utilización del concepto de casta), sino en una forma de relacionamiento político del que el mileismo en general y Manuel Adorni en particular supieron hacer gala: hablamos de un sobregiro discursivo donde la pose “canchera” dominaba la escena, donde la seguridad de ciertas verdades que se consideraban sagradas no estaba exenta de una prepotencia y soberbia como si no hubiera un mañana que pueda resultar contrario a los intereses de estos nóveles protagonistas. 

Tampoco nos referimos a que el actual Jefe de Gabinete tenga los días contados en el Gobierno que integra (no resulta plausible para el corto plazo), sino que esas formas que le dieron una evidente notoriedad y la cual se sintetizaba en su maltrato a periodistas y otros protagonistas del sistema político en su rol de vocero presidencial, parecen haber entrado en crisis. Una cosa representa pavonearse sin un pasado desde el púlpito, más allá de las injusticias que se cometan y otra muy distinta tener que responder, a poco más de cuatro meses de haber asumido el cargo institucional ejecutivo más importante del país, sobre los privilegios del poder. 

Para colmo de males, ni la respuesta ni el tono elegido para la misma parecen haber favorecido al ex periodista. Si las rutinas eran de casta, las repuestas que intentó brindar a uno de los periodistas que orbitan cerca del oficialismo, también fueron en el mismo sentido. La referencia a no hablar de su vida privada como defensa, teniendo en cuenta que no hablamos de hechos privados sino de acciones púbicas que refieren a viajes institucionales, utilizando recursos de todos los argentinos, demuestra que el protagonista no tenía demasiado con qué justificar su accionar. 

Raudamente trató de salir en su defensa el presidente de la Nación. Habló de costos marginales ya que en todo caso no había ningún gasto extra para el erario del Estado argentino dado que el avión saldría igual con un asiento ocupado menos. Más allá de que surgió una forma de respuesta de parte de profesionales de la aeronáutica al respecto, la recurrencia a dar una versión economicista a lo sucedido, revela que, tal vez y sólo tal vez, en el libertarismo “no la ven”. Si la situación no resultara tan contradictoria contra sus intereses, podría decirse que los violetas deberían sentirse regocijados ya que el juego se desarrolla en su propio terreno: en el de la moral, nueva épica que intentó desarrollar Javier Milei hace algunas pocas semanas atrás.

El problema no es el costo de un pasaje más o menos, sino que habiendo hecho de la vocinglería ética (en muchas ocasiones con falsas acusaciones) una forma de construcción política, no debe resultar extraño que la matrix del sistema te cuente las costillas cuando trastabillas, circunstancia que no sólo se ha visto de la mano de políticos y dirigentes, sino que las redes sobreabundaron sobre las “ventajas” del uso de los costos marginales en la vida cotidiana de los argentinos. Cuando te convertís en meme estás en problemas. 

A veintisiete meses de haber asumido puede afirmarse que la gestión libertaria no sufre de errores no forzados. Hay toda una corriente interpretativa que, al insistir que el escenario opositor está sin representación (algo de discutible certidumbre), sostiene que el oficialismo tiene todo servido a su disposición para lograr prevalecer en sus intereses. Ni tanto ni tan poco.

Los alimentos vencidos; el caso $Libra donde en las últimas horas nos enteramos de un acuerdo entre Javier Milei y Mauricio Novelli por un contrato de U$s5.000.000 para promocionar la criptomoneda; los audios de Diego Spagnuolo sobre la Administración Nacional de Discapacidad y el 3% para Karina Milei; los contratos de la esposa de Federico Sturzenegger para el dictado de cursos de inglés y el desastre administrativo producido en la obra social de los militares no refieren a meras casualidades sino a un modo sustancial de servirse del Estado. En estas circunstancias, las formas terminan resultando detalles. 

Con todo, marzo no sólo trajo la novedad del comienzo de la vida real (fin de vacaciones, comienzo de clases, aumentos de unos cuantos servicios), sino también la confirmación de que los ingresos no resultan suficientes para la gran mayoría de los argentinos. “Sobra mes” y la bonanza que puedan mostrar las actividades primarias extractivas, no se proyecta al conjunto social. Más allá del microclima de Expoagro, con una supuesta abundante oferta crediticia en dólares para el sector incluida, el clima social parece haber mutado y ya no resulta suficiente la justificación de la transformación de asalariados en emprendedores ya que en la calle “no hay plata”.

En ese transcurrir comienzan a surgir encuestas que reflejan un evidente deterioro de la imagen presidencial, donde una de las novedades analíticas más importantes radica en la consideración de que el deterioro de la situación económica ya no es principal y exclusivamente responsabilidad del gobierno de Alberto Fernández, sino que hay una incidencia cada vez más determinante del modelo libertario. 

Para no pocos ciudadanos y ciudadanas la secuencia podría describirse de la siguiente manera: el Gobierno miente con la inflación; promueve una reforma laboral que, además de no generar trabajo, afecta derechos de los trabajadores; la malaria domina la escena y el presidente vocifera que lo peor ya pasó al mismo tiempo que se ufana de que los ingresos en el sector más informal del mundo del trabajo se triplicaron. Narnia parece quedar muy cerca.

En resumen, el caso Adorni no puede ni debe ser pensado como una crisis producto de una especie de moralina generalizada que se ofende por el uso de los recursos públicos, sino que, con el antecedente de un protagonista que en el pasado se ufanaba de ciertos reclamos (algunos de dudosa verdad) el contexto social profundiza los enojos. Algo así como una gota que rebalsa el vaso y que bien lo explica Mario Riorda en el concepto de “policrisis” que desarrolla en el siguiente mensaje en X.

Con la novedad de Clarín y La Nación titulando en la tapa dominguera sobre el caso $Libra, el mundo libertario se prepara para iniciar la semana tratando de poner la agenda en otro lugar, con el anuncio de la ruta legislativa libertaria para este 2026 y, vaya originalidad, con el off the récord de más recortes en el sector público, circunstancias que, habrá que ver si la sociedad sobrelleva en los mismos términos de tolerancia que en el ya viejo año 2024. 

El 2026 ya mostró su severidad. No se avizora, de acuerdo a los análisis de economistas de distinta alcurnia y pelaje, que en el mediano plazo atravesemos un tiempo de abundancia y prosperidad. Al contrario, todo parece indicar que, más allá de ciertas bonanzas sobrevienen tiempos de vacas flacas. La gran de pregunta del Círculo Rojo y sus adyacencias refiere a cómo detendrá la evidente caída un gobierno al que tanto han tolerado. Menuda tarea y menuda pregunta a riesgo del adelantamiento de algunos finales.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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