No descubrimos nada si afirmamos que los escenarios de crisis política para los gobiernos pueden resultar de factores endógenos o exógenos. En algunas ocasiones, la lúcides del líder o de una organización puede permitir sortear los escollos y mantener niveles de legitimidad que, en lo sustancial, no afecta la relación con la población. El actual ejemplo del régimen iraní que parece haberse fortalecido a partir de la guerra mal dispuesta por el inefable Donald Trump está a mano para la confirmación de lo anterior. El problema se complejiza cuando, a partir de los distintos elementos que desatan una crisis, la respuesta de los máximos referentes de la situación parecen ubicarse en los bordes del entendimiento general, algo así como llegar a la conclusión de que resulte más probable que los cuatro astronautas del Artemis II tengan más contacto con la realidad que algunos dirigentes políticos de estos confines del mundo.
Muy lejos del argumento de autoayuda optimista que identifica a la palabra crisis como oportunidad, el devenir del proyecto libertario parece más sustentado en una especie de descomposición que se refleja en las diferentes estrategias fracasadas para salir del atolladero político en el que lo sumergieron su soberbia conceptual, la falta de empatía con los menos favorecidos y su angurria por los negocios non santos.
El presidente Javier Milei parece estar en otra. Mientras reconoce, muy al pasar, las dificultades de la presente coyuntura económica, destina un fin de semana largo a realizar más de 1000 intervenciones en X contra sus enemigos, hace declaraciones de nulo valor político en un programa que no ve nadie ante interlocutores que nada tienen de conocimiento del oficio periodístico y celebra la invitación a un (nuevo) viaje a Israel para la ceremonia del Día de la Independencia de aquel país. Todo un logro.
En ese contexto el periodismo es un problema. Y en función de ello, el mundillo violeta intentó utilizar una denuncia floja de papeles sobre el espionaje ruso solventando notas críticas y que duró en el Ágora lo que una tormenta de verano, arrastrando consigo la credibilidad de un periodista como Santiago O’Donell, quien apareció como referente argentino de la investigación. La posterior prohibición a seis medios locales a tener su corresponsalía en la Casa Rosada dejó la sensación de que el libertarismo agudiza ciertos conflictos en modo de efecto remolino en las aguas profundas.
En línea con lo anterior, la falta de una respuesta consolidada en términos institucionales por parte de la corporación periodística, también es demostrativa del estado de las cosas en términos sociales. Hasta ahora prevalecieron los egos individuales, algo así como el “sálvese quien pueda” y allí anda la pobre Liliana Franco preguntando, corresponsal de Ámbito Financiero en Balcarce 50, por qué no la dejan entrar a hacer el trabajo que realiza desde hace más de 30 años. Habría que avisarle a la buena de Liliana que, pese a su servilismo comunicacional, el mundo libertario no siempre es buen pagador. Y si no que lo digan los gobernadores que han acompañado de manera sumisa las propuestas libertarias y sin embargo hoy enfrentan un horizonte tan oscuro que no saben cómo harán para responder a las obligaciones salariales en los próximos meses. Dicho como al pasar, que Franco no se preocupe demasiado: seguramente en los días que vienen su sanción será levantada.
En el contexto actual, aquella vieja puesta en escena del “queremos preguntar” que supo visibilizar Jorge Lanata porque el gobierno kirchnerista no daba conferencias de prensa, resultaría una especie de medida revulsiva ante tanto insulto presidencial y del propio Manuel “Aloe Vera” Adorni quien, evidentemente, no las tiene todas consigo y al que ya ni siquiera le sirve la defensa mediática de la notaria que intervino en las transferencias de las propiedades adquiridas.
El debut mediático de la escribana Adriana Nechevenko dejó flotando la idea de que, al calor de aquel viejo dicho popular, callada se defendía mejor. No sólo de la justificación del accionar de “Manu”, sino también en su responsabilidad como profesional, ya que supo aseverar que ella no estaba obligada a exigir la justificación del origen de los fondos. Un notario, en la función para la que ella fue contratada, tiene la especificidad de aportar para una registración correcta de los bienes y, desde el año 2012, resulta un agente de colaboración de la Unidad de Información Financiera, quien actúa de acuerdo a las disposiciones emitidas por el GATT, entidad que, entre otras funciones, persigue el lavado de activos por parte de narcotraficantes y terroristas. No sólo la defensa mediática resultó bizarra sino también una especie de demostración de que no sólo los entrevistadores adolecían del conocimiento normativo de rigor.
En el día a día del caso Adorni y en la construcción política del Gobierno, hay un extraño intento de sacarle centralidad a la figura del Jefe de Gabinete, dándole otra forma de protagonismo que lo muestre al frente de la gestión. Esta circunstancia no parece estar funcionando del todo, ya que no le dio resultado en la última conferencia de prensa. Ahora, a partir de los off the récord que anuncian nuevas conferencias, seguramente se apuesta a la ausencia de los medios expulsados de la Casa de Gobierno para demostrar una solidez que no existe.
En la semana que se fue, el discurso y las preocupaciones del oficialismo parecieron ir por un lado y las de cierta ciudadanía por otro. Mientras el caso de los créditos del Banco Nación a legisladores y funcionarios sigue circulando en medios, la imagen contrapuesta de usuarios del transporte automotor en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, dejó expuesta la distancia entre unos y otros. La decisión empresarial de trabajar a reglamento, mostró en los medios nacionales testimonios que refieren a la mala calidad de vida de muchos argentinos, que se agudiza en los grandes centros urbanos y que algunos parecen haber descubierto por estas horas.
Por las dudas, y para no dejarle las cosas servidas en bandeja a los opositores locales, el funcionariado rosarino omitió plantear queja sobre los fondos que no llegan allende la General Paz, y, a partir de una decisión del Poder Ejecutivo local, los contribuyentes de la tercera ciudad del país debieron absorber las diferencias con fondos propios para que el sistema siga funcionando. Olvidos que suceden.
En esa distancia radica la caída de la imagen presidencial. Con veintiocho meses de gestión sobre sus espaldas, en un contexto de una economía que está parada en los sectores intensivos en mano de obra; con un presidente más preocupado por mostrarse como un líder mundial del libertarismo, antes que por ser el hombre que resuelva buena parte de los problemas de los argentinos; alcanzado él y su entorno por flagrantes casos de corrupción (la hermanísima Karina por lo menos tiene el buen tino para sí y para nuestros oídos de no hablar) y con una inflación que no para de crecer desde hace nueve meses y que se ve cada vez más alejada del cero adelante; no resulta extraño que la ponderación de la figura de Milei ya esté por debajo de los 35 puntos y que los rumores en ciertos círculos de poder, socios del libertarismo que supimos conseguir, comiencen a fluir vía declaraciones no públicas filtradas a medios.
El libertarismo gobernante ha llegado a este otoño de 2026 como una especie de reversión de sí mismo: llegó al poder con el 56% de los votos, no teniendo palacio (en el período 2023 – 2025 contaban solamente con el 15% de legisladores propios) pero tenía la anuencia de un electorado que creyó en el argumento de la casta. Promediando la gestión, el palacio actúa en línea con los intereses violetas (la aprobación de la reforma de la Ley de Glaciares es una prueba de ello), pero ha dejado de resultar seductor en sus propuestas.
¿Qué más puede ofrecer? El achicamiento de personal del Estado, la permanencia de un modelo a base de dólar barato e importaciones que habilite una falsa sensación de bienestar, el sueño del emprendedor libertario en un contexto donde en la calle “no hay plata” y la eliminación de planes de trabajo y de beneficios en el programa Remediar ya no resultan propuestas del todo seductoras porque, además de perjudicar el bolsillo de cada uno, ya no hay novedad.
Si, además, a ello se le agrega que los comportamientos de casta (el tema de los créditos de viviendas del Banco Nación sí lo es), son justificados por el presidente en que ninguna vida se perdió por ello, luego de haber construido toda una expresión política que iba en contra del accionar del Estado en la economía, no resulta extraño imaginar que ciertos espacios de poder están viendo otra realidad. De alguna forma más preparados para subirse a la aventura de un Artemis III, antes que para cumplir con las promesas de tres años atrás. A riesgo de convertirse en un tonto rey imaginario.
(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez